Tuesday, January 16, 2007

Hipocondria :


Necesitas ese supuesto colesterol taponeando el torrente sanguíneo de tu cuerpo. Esperas la migraña que te tumbará a la cama por días. Buscas ese dolorcito en el hígado que te impedirá salir a correr todas las mañanas. Oirás que tu amigo fue operado de emergencia por apendicitis y de pronto un puntilleo constante te ataca el bajo vientre. Crees fervientemente que en algún lugar de tu cuerpo un tumor maligno esta germinando. Que ese lunar carnoso de la nuca pronto será un gran bulto que hará te extirpen las amígdalas y termines tus días sin voz y sin palabras. Vas al médico por una simple gripe y sales convencido que morirás de enfisema pulmonar. Orinas y un leve ardor acompaña el acto, piensas inmediatamente que tu próstata esta a punto de reventar. Ese hongo que ataco la uña de tu pie esta destinado a convertirse en una gángrena que no parará hasta amputarte la pierna. Juegas a inventar nuevos tipos de cánceres...cáncer a la oreja, al nudillo del dedo anular, cáncer al parasimpático...¿ Cuál de todos me tocará? ¿ Cuál de todos será mi próxima e imaginaria enfermedad? ¿Qué nuevos dolores se es capaz de inventarse?.

Siempre hay nuevos tormentos para el hipocondríaco.

Tuesday, January 02, 2007

Todo sigue igual.

Solo el 35% de la humanidad celebra el fin de un año y el inicio de otro. Existe algo en ese 35% que convierte esta fecha en algo entre mágico y esperanzado, cabalístico y romántico, en algo que ingenuamente te haga creer que todo será mejor que antes. Es empezar de nuevo, dibujar el camino de otra manera, enmendar las fallas, corregir los errores, borrar el pasado y quedarte solo con lo bueno. Alcanzar metas, perseguir objetivos más altos...en suma el cielo es el límite.

En contraparte el fin de año reúne y resume todo lo malo: Nuestras caídas, nuestras faltas de dinero, las pocas oportunidades de trabajo, los entredichos, no haber alcanzado esos sueños tan ansiados.

Y es ahí donde se teje esa delgada, finísima y muy quebrantable línea entre el antes y el después, entre el pasado y el futuro, entre lo anterior y lo venidero. Es ahí donde construimos un muñeco de trapo y lo rellenamos de insatisfacciones, de desesperanzas, de lamentos y cual ritual gótico lo quemamos a las 12 de la noche. Convocamos a las santas cábalas para que confinen al bonzo a las hogueras del olvido, que perezca junto con todo lo que nunca quisimos vivir. Una vez finalizado el rito quemamos cohetes, lanzamos bengalas, fuegos artificiales iluminan el cielo, hacemos uno, dos y hasta cien brindis. Bailamos como locos, danzamos en contra de esos 365 días que esperamos no se vuelvan a repetir.

Finalmente, borrachos de alcohol y de ilusiones nos vamos a la cama entrada la madrugada, algunos, más osados ven las primeras luces del día, abrazados a nuestras almohadas despertamos resaqueados, cortados por la mitad hacia el primer día de ese nuevo año que nos traerá por fin la felicidad; hasta que llegas a tu trabajo un 2 de enero y te das cuenta que todo sigue igual, te das cuenta sin querer aceptarlo que empieza un año donde irás buscando motivos, razones, tres pies al gato como se dice, para que al final del 2007 y en el puente hacia el 2008 lo maldigas y repitas nuevamente : "Que el próximo año sea mejor que éste".